Lindamont

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¿Siempre sientes hambre?

  1. No estas comiendo lo suficiente, o no estas comiendo balanceadamente correcto. Es decir, seguramente tu alimentación es demasiado poca o deficiente energéticamente hablando, o por el contrario no esta siendo lo suficientemente nutritiva, pues una alimentación alta en carbohidratos simples, baja en proteínas, frutas, vegetales y grasas saludables generan en tu organismo una deficiencia no solo en el aporte de nutrientes, sino que además no generan una efectiva saciedad a tu organismo.
  2. ¿Estas sumergida en el estrés? Cuando exponemos nuestro cuerpo en este estado (intenso y/o continuo), nuestros niveles de cortisol aumentan (principal hormona del estrés), alterando nuestro sistema metabólico, lo que entre muchas otras cosas se traduce en retención de grasas y líquidos en nuestro cuerpo, sensación de ansiedad, apetito constante, alteración del sueño, indigestión, inflamación y muchas otras alteraciones. Así que, en la medida de lo posible, introduce nuevos y mejores hábitos en tu vida y rutina diaria: detente, respira profundamente, procura a diario un sueño reparador, aliméntate saludablemente y haz ejercicio físico de forma regular.
  3. ¿Tienes sed? Muchas veces el cuerpo confunde la sed con el hambre, esto ocurre por que la señal que nuestro cuerpo emite al cerebro es muy similar a la que se genera cuando se requiere de alimentación.

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Combate la flacidez de la piel

  1. Evita dietas extremas, aquellas en las que la pérdida de peso es demasiado rápida y drástica (evita el envejecimiento innecesario por la pérdida de nutrientes y elasticidad de la piel como consecuencia de una dieta incompleta)
  2. Hidrátate por dentro (toma agua), y por fuera (baños de agua fría, cremas hidratantes)
  3. Realiza ejercicios de tonificación muscular de forma regular en tu rutina de vida.

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¿Estás estancada?

  1. Revisa tú dieta: el balance, la cantidad y el número de comidas al día es muy importante a la hora de determinar la efectividad de tú proceso. Sin importar si llevas una dieta hipocalórica (baja en calorías para pérdida de grasa) o hipercalórico (alta en calorías para aumentar masa muscular), tu alimentación debe de ser completa, es decir; debes incluir proteínas (animal o vegetal), hidratos de carbono (de buena calidad), frutas, vegetales y grasas saludables para dar a tú organismo todos los nutrientes necesarios. ¡Incluye todos los colores!
  2. Revisa tú entrenamiento: tipo, velocidad, fuerza, tiempo y ejecución del ejercicio. Sin importar el objetivo (pérdida de peso o aumento de masa muscular), cada uno de estos aspectos es relevante. Los grupos musculares deben de ser trabajados de forma estructurada y con tiempos de descanso durante la ejecución del ejercicio.
  3. Identifica tú proceso: este es un punto muy importante, ya que incluye determinar el origen y la base de tus objetivos: ¿que buscas?, esa respuesta será determinante para establecer la estructura general del mismo (organización, alimentación, entrenamiento, descansos, etc.)

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Cómo empezar una vida saludable

  1. Incluye alimentos saludables en tus comidas, evita a diario comer alimentos refinados, tomar bebidas azucaradas y frituras.
  2. Ejercítate un mínimo de 3 días por semana, inicia una semana después de haber iniciados cambios en tu alimentación, mientras tu cuerpo se adapta al cambio. Inicia por rutinas de ejercicio fáciles, cortas y de bajo impacto.
  3. Se paciente. Te has tomado años en iniciar un cambio y aplicar hábitos saludables en tu vida, no te limites; un mes no es suficiente y justo para ti, mereces dedicarte mucho más tiempo y disfrutar tú proceso. ¡Solo así veras cambios reales en ti!
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